Y pasó un Cristóbal del Corral, el primer alférez que tuvimos en lo de Méjico, persona bien esforzada, fuese á Castilla y allá murió.

Pasó un Antonio de Villa-Real, marido que fué de Isabel de Ojeda, que despues se mudó el nombre de Villa-Real y dijo que se decia Antonio Serrano de Cardona, murió de su muerte.

Pasó un Francisco Rodriguez Magarino, persona preeminente, murió de su muerte.

Y Francisco Flores pasó ansimismo, que fué vecino de Guaxaca, persona muy noble, murió de su muerte.

Y pasó un Alonso de Grado, y era hombre más por entender en negocios que guerra, y este, con importunaciones que tuvo con Cortés, le casó con doña Isabel, hija de Montezuma, murió de su muerte.

Pasaron cuatro soldados que tenian por sobrenombres Solíses: el uno, que era hombre anciano, murió en las puentes, y el otro se decia Solís, y porque era travieso le llamábamos Casquete, murió de su muerte en Guatimala; el otro se decia Pedro de Solís Tras-de-la-puerta, porque estaba siempre en su casa tras de la puerta mirando los que pasaban por la calle, y él no podia ser visto; fué yerno de Orduña el viejo, vecino de la Puebla, y murió de su muerte; y el otro Solís se decia el de la Huerta, y nosotros le llamábamos Sayo de seda, porque se preciaba mucho de traer sayo de seda, y murió de su muerte.

É pasó un esforzado soldado que se decia Benitez, murió en las puentes.

É pasó otro muy esforzado soldado que se decia Juan Ruano, murió en las puentes:

Y pasó Bernardino Vazquez de Tapia, persona muy preeminente y rico, murió de su muerte.

É pasó un muy esforzado soldado que se decia Cristóbal de Olea, natural de tierra de Medina del Campo, y bien se puede decir que, despues de Dios, por este salvó la vida Cortés la primera vez en lo de Suchimileco, cuando se vió Cortés en gran aprieto, que le derribaron los indios mejicanos del caballo, que se decia el Romo, y este Olea llegó de los primeros á socorrerle, é hizo tales cosas por su persona, que tuvo lugar Cortés de cabalgar en el caballo, y luego le socorrimos ciertos soldados que en aquel tiempo llegamos, y el Olea quedó mal herido; y la postrera vez que le socorrió este Olea, cuando en Méjico en la calzadilla le desbarataron los mejicanos y le mataron sesenta y dos soldados, y á Cortés le tenia ya engarrafado un escuadron de mejicanos para le llevar á sacrificar, y le habian dado una cuchillada en una pierna, y el buen Olea con su ánimo tan esforzado peleó tan bravosamente que se le quitó, y allí perdió la vida este esforzado varon; que ahora que lo estoy escribiendo se me enternece el corazon, é me parece que ahora le veo y se me representa su presencia y grande ánimo como muchas veces nos ayudaba á pelear; y de aquella derrota escribió Cortés á su majestad que no fueron sino veinte y ocho los que murieron, y como he dicho, fueron sesenta y dos.