É pasó otro soldado que se decia Ribadeo, gallego, que por sobrenombre le llamábamos Beberreo, porque bebia mucho vino, murió en poder de indios en lo de Almería.

Pasó otro soldado que llamábamos el Galleguillo porque era chico de cuerpo, murió en poder de indios.

Pasó un esforzado soldado que se decia Lerma; éste fué uno de los que ayudaron á salvar la vida á Cortés, como dicho tengo en el capítulo que dello habla, y se fué entre los indios como aburrido de temor del mismo Cortés, á quien habia ayudado á salvar la vida, por ciertas cosas de enojo que Cortés contra él tuvo, que aquí no declaro por su honor; nunca más supimos dél vivo ni muerto; mala sospecha tuvimos.

Tambien pasó otro buen soldado que se decia Pinedo, criado que habia sido de Diego Velazquez, gobernador de Cuba, y cuando vino Narvaez, se iba de Méjico para el mismo capitan Narvaez, y en el camino le mataron indios, sospechóse que por mandado de Cortés.

Pasó otro soldado y buen ballestero que se decia Pedro Lopez, murió de su muerte.

Y asimismo pasó otro Pedro Lopez, ballestero, que fué con Alonso de Ávila á la isla Española, é allá se quedó.

É pasaron tres herreros, el uno se llamaba Juan García y el otro Hernan Martin, que casó con la Bermuda, que se llamaba Catalina Marquez, y el otro no me acuerdo su nombre; el uno murió en poder de indios é los dos de sus muertes.

É pasó otro soldado que se decia Álvaro Gallego, vecino que fué de Méjico, cuñado de unos Zamoras, murió de su muerte.

É pasó otro soldado, ya hombre anciano, que se decia Paredes, padre de un Paredes que agora está en lo de Yucatan, murió en poder de indios.

É pasó otro soldado que se decia Gonzalo Mejía Rapapelo, porque decia él mismo que era nieto de un Mejía que andaba á robar en el tiempo del Rey D. Juan en compañía de un Centeno, murió en poder de indios.