Este esforzado soldado hizo cosas por su persona, que, aunque estaba muy mal herido, mató é acuchilló é dió estocadas á todos los indios que le llevaban á Cortés, que les hizo que lo dejasen; é así le salvó la vida, y el Cristóbal de Olea quedó muerto allí por lo salvar.

Quiero decir de dos soldados que se decian Gonzalo Dominguez é un Láres; digo que fueron tan esforzados, que los teniamos en tanto como Cristóbal de Olea; eran de buenos cuerpos é membrudos, é los rostros alegres, é bien hablados, é muy buenas condiciones; é por no gastar más palabras en sus loas, podránse contar con los más esforzados soldados que ha habido en Castilla; murieron en las batallas de Obtumba, digo el Láres, y el Dominguez en lo de Guantepeque, de un caballo que le tomó debajo.

Vamos á otro buen capitan é esforzado soldado que se decia Andrés de Tapia: seria de obra de veinte y cuatro años cuando acá pasó; era de color el rostro algo ceniciento, é no muy alegre, é de buen cuerpo é de poca barba; era y fué buen capitan, así á pié como á caballo, murió de su muerte.

Si hubiera de escribir todas las facciones é proporciones de todos nuestros capitanes é fuertes soldados que pasamos con Cortés, era gran prolijidad; porque, segun todos eran esforzados é de mucha cuenta, dignos éramos de estar escritos con letras de oro; é no pongo aquí otros muchos valerosos capitanes que fueron de los de Narvaez; porque mi intento desde que comencé á hacer mi relacion no fué sino para escribir nuestros heróicos hechos é hazañas de los que pasamos con Cortés; sólo quiero poner al capitan Pánfilo de Narvaez, que fué el que vino contra Cortés desde la isla de Cuba con mil y trescientos soldados, sin contar en ellos hombres de la mar, é con ducientos y sesenta y seis soldados los desbaratamos, segun se verá en mi relacion, é cómo é cuándo é de qué manera pasó aquel hecho.

É volviendo á mi materia, era el Narvaez al parecer obra de cuarenta y dos años, é alto de cuerpo é de recios miembros, é tenia el rostro largo é la barba rubia, é agradable presencia, é la plática é voz muy vagorosa é entonada, como que salia de bóveda; era buen ginete é decian que era esforzado; era natural de Valladolid ó de Tudela de Duero; era casado con una señora que se decia María de Valenzuela; fué en la isla de Cuba capitan é hombre rico; decian que era muy escaso, é cuando le desbaratamos se le quebró un ojo, y tenia buenas razones en lo que hablaba: fué á Castilla delante de su majestad á quejarse de Cortés é de nosotros, é su majestad le hizo merced de la gobernacion de cierta tierra en lo de la Florida, é allá se perdió é gastó cuanto tenia.

Como los caballeros curiosos han visto é leido la memoria atrás dicha de todos los capitanes é soldados que pasamos con el venturoso é esforzado don Fernando Cortés, marqués del Valle, á la Nueva-España desde la isla de Cuba, é pongo por escrito sus proporciones, así de cuerpo como de rostro é edades, é las condiciones que tenian, é en qué parte murieron, é de qué partes eran, me han dicho que se maravillaban de mí que cómo á cabo de tantos años no se me ha olvidado é tengo memoria dellos.

Á esto respondo y digo que no es mucho que se me acuerde ahora sus nombres, pues éramos quinientos y cincuenta compañeros que siempre conversábamos juntos, así en las entradas como en las velas, y en las batallas y encuentros de guerras, é los que mataban de nosotros en las tales peleas é cómo los llevaban á sacrificar.

Por manera que comunicábamos los unos con los otros, en especial cuando saliamos de algunas muy sangrientas é dudosas batallas echábamos ménos los que allá quedaban muertes, é á esta causa los pongo en esta relacion; é no es de maravillar dello, pues en los tiempos pasados hubo valerosos capitanes que andando en las guerras sabian los nombres de sus soldados, é los conocian é los nombraban, é aun sabian de qué provincias é tierras eran naturales, é comunmente eran en aquellos tiempos cada uno de los ejércitos que traian treinta mil hombres; y decian las historias que dellos han escrito, que Mitridates, Rey de Ponto, fué uno de los que conocian á sus ejércitos, y otro fué el Rey de los epirotas, y por otro nombre se decia Alejandro.

Tambien dicen que Aníbal, gran capitan de Cartago, conocia á todos sus soldados; y en nuestros tiempos el esforzado y gran capitan Gonzalo Hernandez de Córdoba conocia á todos los más soldados que traian en sus capitanías, y así han hecho otros muchos valerosos capitanes.

Y más digo, que como ahora los tengo en la mente y sentido y memoria, supiera pintar y esculpir sus cuerpos y figuras y talles y meneos, y rostros y facciones, como hacia aquel gran pintor y muy honrado Apéles, é los pintores de nuestros tiempos Berruguete, é Micael Ángel, ó el muy afamado Burgalés, que dicen que es otro Apéles, dibujara á todos los que dicho tengo al natural, y aun segun cada uno entraba en las batallas y el ánimo que mostraba; é gracias á Dios y á su bendita Madre nuestra Señora, que me escapó de no ser sacrificado á los ídolos, é me libró de otros muchos peligros é trances, para que haga ahora esta memoria.