Dejaré lo del caballo, y diré deste valeroso capitan que falleció en la villa de Pálos cuando fué á Castilla con don Hernando Cortés á besar los piés á su majestad; y deste Gonzalo de Sandoval fué de quien dijo el marqués Cortés á su majestad que, demas de los fuertes y valerosos soldados que tuvo en su compañía, que fué tan animoso capitan, que se podia nombrar entre los muy esforzados que hubo en el mundo, y que podia ser coronel de muchos ejércitos, y para decir y hacer. Fué natural de Medellin, hijodalgo; su padre fué alcaide de una fortaleza.

Pasemos á decir de otro buen capitan que se decia Juan Velazquez de Leon, natural de Castilla la Vieja: seria de hasta veinte y seis años cuando acá pasó; era de buen cuerpo, é derecho é membrudo, é buena espalda é pecho, é todo bien proporcionado é bien sacado, el rostro robusto, la barba algo crespa é alheñada, é la voz espantosa é gorda, é algo tartamudo; fué muy animoso é de buena conversacion; é si algunos bienes tenia en aquel tiempo los repartia con sus compañeros.

Díjose que en la isla Española mató á un caballero persona por persona, en aquella tierra principal, que era hombre rico, que se decia Basaltas; y desque le hubo muerto se retrujo, y la justicia de aquella isla nunca lo pudo haber, ni la Real audiencia, para hacer sobre el caso justicia; y aunque le iban á prender, por su persona se defendia de los alguaciles, é se vino á la isla de Cuba, é de Cuba á la Nueva-España, é fué muy buen jinete, é á pié é á caballo muy extremado varon; murió en las puentes cuando salimos huyendo de Méjico.

Y Diego de Ordás fué natural de Tierra de Campos, y seria de edad de 40 años cuando acá pasó: fué capitan de soldados de espada y rodela, porque no era hombre de á caballo; fué muy esforzado y de buenos consejos, era de buena estatura é membrudo, é tenia el rostro muy robusto é la barba algo prieta é no mucha; en la habla no acertaba bien á pronunciar algunas palabras, sino algo tartajoso: era franco é de buena conversacion; fué comendador de Santiago; murió en lo de Marañon, siendo capitan ó gobernador, que esto no lo sé muy bien.

El capitan Luis Marin fué de buen cuerpo é membrudo y esforzado; era estevado é la barba algo rubia, el rostro largo é alegre, excepto que tenia unas señales como que habia tenido viruelas; seria de hasta treinta años cuando acá pasó; era natural de Sanlúcar, ceceaba un poco como sevillano. Fué buen ginete y de buena conversacion, murió en lo de Mechoacan.

El capitan Pedro de Ircio era de mediana estatura y paticorto, é tenia el rostro alegre, é muy plático en demasía que haria y aconteceria, é siempre contaba cuentos de don Pedro Jiron é del conde de Ureña; era ardid de corazon, é á esta causa le llamábamos Agrajes sin obras, é sin hacer cosas que de contar sean murió en Méjico.

El primer contador de su majestad que eligió Cortés hasta que el Rey nuestro señor mandase otra cosa, era de buen cuerpo é rostro alegre, en la plática expresiva, muy clara é de buenas razones, é muy esforzado; seria de hasta treinta y tres años cuando acá pasó; é tenia otra cosa, que era franco con sus compañeros; mas era tan soberbio é amigo de mandar é no ser mandado, é algo envidioso; era orgulloso y bullicioso, que Cortés no le podia sufrir, é á esta causa le envió á Castilla por procurador juntamente con un Antonio de Quiñones, natural de Zamora, é con ellos envió la recámara é riquezas de Montezuma é de Guatemuz, é franceses lo robaron, é prendieron al Alonso de Ávila, porque el Quiñones ya era muerto en la Tercera, é desde á dos años volvió el Alonso de Ávila á la Nueva-España; ó en Yucatan ó en Méjico murió.

Este Alonso de Ávila fué tio de los caballeros que degollaron en Méjico, hijos de Gil Gonzalez de Benavides, lo cual tengo ya dicho y declarado en mi historia.

Andrés de Monjaraz fué capitan cuando la guerra de Méjico, y era de razonable estatura, y el rostro alegre y la barba prieta, y de buena conversacion; siempre estuvo malo de bubas, é á esta causa no hizo cosa que de contar sea, mas póngolo aquí en esta relacion para que sepan que fué capitan, y seria de hasta treinta años cuando acá pasó; murió de dolor de las bubas.

Pasemos á un muy esforzado soldado que se decia Cristóbal de Olea, natural de tierra de Medina del Campo; seria de edad de veinte y seis años cuando acá pasó; era de buen cuerpo é membrudo, ni muy alto ni bajo; tenia buen pecho é espalda, el rostro algo robusto, mas era apacible, é la barba é cabello tiraba algo como crespo, é la voz clara; este soldado fué en todo lo que le viamos hacer tan esforzado é presto en las armas, que le teniamos muy buena voluntad é le honrábamos, y él fué el que escapó de muerte á D. Fernando Cortés en lo de Suchimileco, cuando los escuadrones mejicanos le habian derribado del caballo el Romo, é le tenian asido y engarrafado para lo llevar á sacrificar, é asimismo le libró otra vez cuando en lo de la calzadilla de Méjico lo tenian otra vez asido muchos mejicanos para lo llevar vivo á sacrificar, é le habian ya herido en una pierna al mismo Cortés, y le llevaron vivos sesenta y dos soldados.