Excmo. Sr. Gobernador general de estas Islas.—Excelentísimo Sr.: Por la importancia que pueda tener ahora ó en lo sucesivo, cree cumplir con un deber el que suscribe, poniendo en conocimiento de ese Gobierno, que según informe fidedignos recibido de Yokohama en el Japón, residen en esta ciudad varios filipinos recientemente llegados del Archipiélago, y viven reunidos en una gran casa, que viene designada de este modo: Núm. 35, Yama Bluff.—Añaden las referencias, que estos filipinos celebran frecuentes entrevistas con los japoneses, pero no indican la calidad de éstos.—Vienen aquéllos designados en la forma siguiente: Ramos (el de la Gran Bretaña).—Artacho.—Un hijo del sastre Villarreal.—Otro del prestamista Sánchez.—Otro del dentista Arévalo.—Otro innominado.—Y se añade que esperan á Cortés (padre) y á otros.—El 28 de Agosto llegaron dos más, uno de ellos Sacerdote, coadjutor de este Arzobispado, que logró fugarse del Seminario donde se hallaba penitenciado, y se embarcó en el vapor Esmeralda el 5 de Agosto con auxilios que de fuera le prestaron sus cómplices.—Este clérigo estaba tildado de masón, y es prudente suponer que fueron sus auxiliares en la fuga los de ese gremio.—Estos hechos, con otros síntomas que por aquí van apareciendo, parecen indicar el proyecto atribuído á los descontentos filipinos de buscar protección en el vecino Imperio, á semejanza de la que encontraron los filibusteros cubanos en los Estados Unidos.

Dios, etc., 10 de Octubre de 1895.==Fr. Bernardino, Arzobispo.


DOCUMENTO NÚM. 7

Tercera comunicación sobre lo mismo, (9 de Abril de 1896.)

Excmo. Sr.: Al recorrer recientemente en visita pastoral la provincia de la Pampanga, tuve ocasión de comprobar la exactitud de los informes que de antes había adquirido acerca de la propagación de la Masonería por la referida provincia. Sobre este particular, algunos antecedentes hube de elevar, en fecha no lejana, á ese Gobierno general; y, desgraciadamente, me obligan á insistir sobre el mismo tema el desarrollo que la reprobable Asociación va tomando y los deplorables resultados que son de temer para tiempo no lejano si no se pone coto á sus osadías, haciendo comprender á esos propagandistas que no es lícito, ni se consentirá, el que impunemente trabajen en la obra de desmoralización de estos pueblos.

La relación que se acompaña (documento núm. 1) pone de manifiesto el incremento que la Masonería va tomando en la Pampanga, pues debo advertir que no expresa el número total de afiliados, sino los más conocidos, que no se recatan de la procedencia sectaria, y casi públicamente trabajan en reclutar adeptos.

Por el documento núm. 2, verá también V. E. la dependencia que las logias pampangas tienen del Centro Regional que llaman, establecido en Manila, formado por individuos que no son desconocidos, y que se permiten ejercitar el celo sectario en la forma que causa la plancha conminatoria pasada al arrepentido M. Gutiérrez.[3]

Cualquiera que sea la opinión que sobre la sociedad de la Masonería filipina se forme y la transcendencia futura de sus trabajos, son hechos que merecen registrarse los siguientes: 1.º En los pueblos en que existe Logia ó en que la Masonería cuenta con adeptos, resalta desde luego la animosidad contra el Párroco, y la guerra, más ó menos ostensible, contra todo lo que el Párroco representa. Así, entre otros aspectos que presenta esta lucha, hemos visto cómo se trata de hacer el vacío alrededor del Párroco, aislándole de sus feligreses, y, lo que todavía es más grave apartando del templo á las masas, empleando al efecto, no sólo predicaciones envenenadas, sino hasta la amenaza y otros géneros de coacción.

Y por tal procedimiento, logran los apóstoles de la secta transformar en poco tiempo la fisonomía religiosa de los pueblos, hasta el punto de hacer imposible al Párroco el cumplimiento de la misión que en ellas desempeña. Ejemplo de ello son los de Malolos y Taal.