Si, como me temo, el rescate á precio no da resultado, no veo otro recurso humano que el apuntado en mi telegrama, ó sea la intervención de las Potencias, y otro que no apunté, que es la gestión americana. Esta no fué eficaz hasta el presente, pero puede serlo en breve plazo, si con los muchos elementos militares que van reuniendo, logran algún éxito notable sobre los indios y entran luego en negociaciones de paz, como ardientemente desean. En esas negociaciones, cuando lleguen, no puede menos de ser asunto principal el rescate de nuestros prisioneros. En mi sentir, ese momento se avecina, pues se nota cansancio en los indios guerreros, el partido de la paz crece, y los americanos la desean vivamente.
No tengo alientos para hablar de la situación de los pobres prisioneros. Es asunto que agobia, y á nada conduce recordarlo, si no es ante Dios misericordioso. Los que logremos recobrar, no serán hombres, sino cadáveres. El número de los fallecidos no se sabe, pero sí que son muchos, sobre todo soldados, por efecto del hambre. Y con sernos tan conocida la crueldad de los verdugos, tenemos que disimularlas y callar, porque el lamento y recriminación públicos se convierten en motivo de mayores vejaciones contra los prisioneros. En los diferentes pueblos por donde van peregrinando, se prohiben hasta las demostraciones de compasión, y todo el socorro que reciben de almas buenas, que no faltan, es merced á estratagemas ingeniosas y secretas que discurre la caridad. Y no es raro el caso de haber desplegado la justicia revolucionaria crueles rigores sobre mujeres compasivas sorprendidas en flagrante delito de suministrar dinero ó vestido á los desventurados cautivos. Hace ya un mes, desde el rompimiento de las hostilidades, que estamos del todo incomunicados con ellos.
Si los sucesos de la guerra filipino-yanqui dan lugar á algo favorable á nuestros prisioneros, lo telegrafiaré, respondiendo á la honra que me dispensa el Gobierno y á la confianza que tiene en mis modestas gestiones.
Su afectísimo, seguro servidor y amigo.==Fr. Bernardino, Arzobispo.==Manila 11 de Marzo de 1899.
DOCUMENTO NÚM. 11
Cartas de los hermanos Luna, Antonio y Juan (el Pintor), y su hermana Numeriana, sobre la participación del Arzobispo en el remedio de su desgracia.
Manila 16 de Enero de 1897.—Excmo. Sr. D. Fr. Bernardino Nozaleda, Arzobispo de Manila.—Excmo. Sr. y respetable Prelado: Al recibir el bondadoso recado de V. S. I. por mi confesor el R. P. Antonio Rosell, S. J., me he sentido tan conmovido, que con lágrimas de ternura en los ojos, no he podido menos de dar gracias á Dios y á V. S. I.—No tuve otro deseo al retractarme que confesar públicamente mi error, como pública fué mi mala conducta pasada, abrazando de nuevo la fe católica y afirmándome más en mi patriotismo; pues reconozco, venerable Prelado, que si bien me siento ajeno á la rebelión, por justos juicios de Dios que yo adoro, mis extravíos me han conducido al tristísimo estado en que me encuentro. En las durísimas pruebas por que paso, podré decir que sólo encontré resignación en nuestra fe católica; en los momentos de dolor y angustiosa tribulación he visto renacer en el corazón del hombre indiferente los delicados sentimientos del niño cristianamente educado; yo me había burlado de la Religión, y en esta desgracia ella se apiada de mí, me consuela, olvida y perdona, tendiéndome la mano amiga de salvación.—¡¡Bendita sea!!—Al acordarse V. S. I. de mi situación aflictiva, veo bien claro la infinita misericordia de Dios, que ofrece una esperanza á mi dolor. Quiera El conservarme siempre en su amistad y gracia para que mi nueva conducta borre todo el mal pasado.—Doy gracias á V. S. I. por su cariñosa atención, que yo estimo en mucho; le expongo toda mi gratitud, que es poca cosa, pero que del alma sale; por último, le pido respetuosa, humildemente, su santa patriarcal bendición.—De V. S. I. siervo indigno en el Señor, q. b. s. m.==Antonio Luna.==Hay una rúbrica.
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De D. Juan Luna, el Pintor.