El Religioso dijo que el reo había sido presidente de la Congregación de San Luis, y Rizal contestó con viveza: «Padre, recuerde usted que yo no fuí nunca presidente, sino secretario; era muy pequeño, y no podía presidir; porque fíjense ustedes que yo no he presidido nada en mi vida; he sido y soy muy pequeño.—Si cuando escribí el Noli me tangere, se hubiera seguido el consejo del P. Nozaleda, entonces Profesor de Santo Tomás, no dando importancia al libro ni al autor, otro gallo nos cantara á todos; no estaría yo aquí en capilla, y quizá no hubiera rebeldes en Cavite.—Entonces era yo un pobrete, á quien los cocheros de Manila engañaban, y hacían burla de mí hasta los banqueros del Pasig. Los mismos filibusteros no estaban muy prendados de los hechos de este infeliz; algunos me combatían, pero de igual á igual, sin que nadie hablara aún de esos apostolados, supremacías ni monsergas que me han perdido. Pero marché á Londres y allí pude notar que se me atacaba con saña, se predicaba contra mi libro, se abominaba de mí, y aun creo que se concedieron indulgencias á folletos en que se me injuriaba. Resultó lo que había de suceder: cada sermón, á los ojos de mis paisanos, era una homilia; cada injuria, un elogio; cada ataque, nueva propaganda de mis ideas. ¿A qué negarlo? Me envanecía semejante campaña; pero, créame, y eso mejor lo saben ustedes que yo, que ni tuve importancia para tales censuras, ni soy digno de la fama que mis engañados partidarios me dan: los que me han tratado, ni me suben á los cuernos de la luna, ni me fusilarían tampoco. Creeríanme como soy: inofensivo; los más fanáticos por mí son los que no me conocen; si los filipinos me hubieran tratado, no hubieran hecho de mi nombre grito de guerra».—Creyéralas ó no, Rizal dijo en su capilla verdades como puños: «el apóstol tagalo no ha sido en su vida más que una medianía, víctima de sus sueños de gloria. ¡Dios le haya perdonado!==Santiago Mataix.»


DOCUMENTO NÚM. 13

Correspondencia del Arzobispo con el almirante Dewey sobre la liberación del destacamento de Baler.

Señor Almirante: La nobleza de sus sentimientos, me da confianza para interesarle en el asunto que paso á exponer.

En Baler, capital del distrito del Príncipe, guerrea todavía un destacamento español que era de 40 hombres, el único que en Luzón rehusa entregarse á los insurrectos. Se sabe que diferentes veces se han hecho proposiciones de capitulación, que ha rechazado, incluso la última que para traerlo á Manila le fué presentada por medio de un Comandante del Ejército español, delegado al efecto por el General Ríos.

Este caso raro no puede explicarse sino suponiendo en el destacamento la decisión irrevocable de morir antes que entregarse á los insurrectos; y es que no ignorarán esos valientes y heroicos soldados que cualesquiera que fueran las condiciones que en la capitulación se estipulasen, no se librarían por ello de la desventurada suerte que sufren los demás prisioneros, dada la mala fe y falta de honor de los insurrectos, como tantas veces lo han demostrado.

Así, pues, no se ve otro medio de salvar á ese puñado de valientes sino es socorriéndoles por el mar. Baler está situado á poco más de un kilómetro de la playa y el camino desde ésta al pueblo no ofrece mayores dificultades; y aunque la playa es baja y movida, dicen los prácticos que en la estación presente no es difícil el desembarco en ella.

Para esta empresa, Excmo. Señor, de salvar al pequeño pero glorioso destacamento de Baler, solicito el concurso de V. E.; quien quizá mejor que nadie sabrá apreciar el mérito de su tenaz resistencia, que á su vez obliga á buscar los medios de librarle de la dura alternativa de la muerte ó de caer en opresora servidumbre.

Con tal motivo tengo el honor de ofrecer á V. E. el testimonio de mi alto aprecio y respetuosa consideración.