Y golpeó su pecho con fiereza.

Por la imaginación del joven maestro pasó la vista del lugar vacío al lado de la tumba de Smith, y el porvenir del débil ser que temblando de pasión tenía ante sí, inquietó vivamente su espíritu. Asiole ambas manos entre las suyas, y mirándola de lleno en sus sinceros ojos, le dijo:

—¿Melisita, quieres venirte conmigo?

Melisa le echó los brazos al cuello, y dijo, llena de alegría:

—Sí.

—Pero ahora, ¿esta noche?

—Tanto mejor.

Agarrados de las manos salieron al camino, al estrecho camino por el que una vez la habían conducido sus cansados pies a la puerta del maestro, y que parecía no deber pisar sola ya más. Miriadas de estrellas centelleaban sobre sus cabezas. Para el bien o para el mal, la lección había sido aprovechada, y detrás de ellos la escuela de Red-Mountain se cerró para siempre, dejando un rastro imperdurable.

EL HIJO PRÓDIGO DEL SEÑOR TOMÁS