El interesado debe llegar con mucha exactitud a la hora fijada. Nunca se ha de dar ocasión a que el que concede la audiencia pueda repetir la frase de Luis XIV: «He estado a punto de esperar...»
Al entrar en el salón de espera, saluda si hay gente, desde la puerta, y en seguida toma asiento en una butaca o en una silla, según sea señora o caballero, aguardando a que el gentil hombre de servicio pronuncie su nombre en alta voz.
Entonces, saludando a los que quedan en la sala, pasa al salón de audiencia.
Al entrar en él hará una reverencia; a los pocos pasos la segunda, y al acercarse al soberano la tercera, esperando respetuosamente a que este le dirija la palabra.
Terminada la audiencia, se retirará el peticionario, haciendo una reverencia en medio de la sala y otra junto a la puerta.
A un ministro, obispo o príncipe de la Iglesia
Se solicita la audiencia de un ministro, de un cardenal o de un obispo, mediante una petición dirigida a la secretaría, que se envía franqueada por el correo, o se manda a mano, que es lo más regular.
Traje
Para presentarse a un príncipe de la Iglesia los caballeros llevan guante blanco; las señoras guante negro, con traje y velo del propio color.
A la audiencia de obispo o ministro van las señoras con traje sencillo; los caballeros con guantes de medio color y levita ajustada.