En los grandes convites un criado permanece en el recibimiento para anunciar a los convidados conforme van llegando.

En las pequeñas comidas, o en las casas en que solo hay un criado o una doncella, este o esta guiará y anunciará a los convidados.

La señora o las señoras han de entrar en el salón precediendo al caballero acompañante: sería de mal gusto que un caballero y una señora entrasen de frente, y más aún dándose el brazo.

Los dueños de la casa se adelantarán para estrechar la mano a cada convidado que llegue.

Las señoras que van entrando en el salón se sientan inmediatamente. Los caballeros permanecen de pie, formando grupos en la sala; pero podrán sentarse los que hayan llegado primero.

Si una señora recién llegada conociese a alguno de los convidados presentes, en vez de pasar inmediatamente a saludarle esperará una oportunidad para darle la mano, contentándose, por de pronto, con una ligera inclinación de cabeza o sonrisa si la persona conocida fuese señora, o con una reverencia si caballero. En tal caso este irá a dar la mano a la recién llegada, a no estar conversando con otra señora.

En un pequeño convite, si los invitados no se conociesen mutuamente, la señora de la casa hará la presentación recíproca de los de rango más elevado.

En los grandes convites no hará tal cosa, a no tener motivos especiales para presentar a personas determinadas.

El criado anuncia la comida abriendo de par en par la puerta de la sala y diciendo en voz alta y clara: «La comida está servida.»

Hará este anuncio cuando sepa que han llegado ya todos los convidados que se esperan.