El que recibe una invitación a una comida, debe manifestar cuanto antes si acepta o no. Lo contrario sería falta de urbanidad, porque la familia que convida quedaría en la duda de si el invitado asistirá o no, y más tarde se encontraría en la imposibilidad de llenar la vacante convenientemente: si un invitado se excusa con oportunidad, cabe convidar a otra persona; mas si la excusa fue tardía, no debe reemplazarse la vacante sino con un amigo íntimo.
No debe retardarse más de dos días la respuesta a este género de invitaciones; pero si el invitado no la da espontáneamente, no debe pedírsele.
Puntualidad
Quince minutos después de la hora indicada en la invitación, debe servirse la comida. Infiérese de aquí cuán obligatoria es la puntualidad en un convite y cuán impertinente falta de atención sería el llegar tarde.
Recepción
A la hora fijada en la invitación, los dueños de la casa deben estar en el salón, dispuestos a recibir a sus comensales.
La puntualidad de estos permitirá a la señora hacer las presentaciones que considere oportunas.
Las señoras se quitan los abrigos en el gabinete destinado al objeto o en la antesala, donde habrá un criado o mejor una doncella.
Una señora no debe presentarse en el salón con el abrigo puesto.
Los caballeros dejarán sus gabanes y sombreros en la antesala o en el guardarropa respectivo. Deben llevar frac y corbata blanca, excepto el Jueves y Viernes Santo, que puede usarse la corbata negra. Los caballeros no han de llevar guantes; las señoras sí, y no se los quitan sino después de sentarse a la mesa.