No es de buen tono señalar lo que guste más, ni repetir de un plato sino a instancias de la dueña de la casa.

Una señora no ofrecerá de beber a un caballero, ni este a aquella la mitad de una fruta.

No es costumbre mondar la fruta entera, sino cortarla a pedazos antes de quitar la piel separando esta en el plato, con tenedor y cuchillo.

Cuando la fruta es de gran tamaño puede ofrecerse la mitad, pasándola sin mondar y no con el tenedor, sino puesta en un platito.

Una señora que cumpla con las vigilias y haya aceptado un convite que se celebra en día en que quiera observar ciertas limitaciones, puede comer de lo que tenga por conveniente, sin hacer ostentación de que se abstiene de determinados platos.

Si uno tiene hipo o cualquier otro accidente, se retirará sin llamar la atención para evitar molestia a los demás, volviendo a la mesa cuando haya pasado la indisposición.

Conversación

La buena educación en general, y en la mesa en particular, requieren mucha armonía, y como las cuestiones sobre las que hay distinto criterio la quebranta fácilmente, es de suma conveniencia evitar en un convite toda conversación relativa a materias en que pueda haber disidencias.

Ninguno de los comensales se permitirá hablar de modo que pueda ofender a alguien de la reunión.

Sería inconveniente criticar un plato, citar con alabanza los que ya hayan sido retirados de la mesa, o hablar de otra comida a que se haya asistido.