Si sale agraciado uno de los números que dejaron de distribuirse, se sortea de nuevo el lote.
Un caballero agraciado con un premio, lo ofrece a una hija o amiga de la casa.
Naipes
Sin invitación expresa no se sienta nadie a la mesa de juego.
Las señoras son las primeras en elegir sitio, como también lo son en cobrar ganancias; después toman asiento los caballeros.
Una joven ni entra en la sala de juego, ni mucho menos se sienta en la mesa sino a ruego de la señora de la casa.
Se procurará no eternizarse junto a la mesa de juego, si hay otras personas que deseen ocupar el sitio.
La señora de más edad, que es la que tiene el privilegio de escoger el juego de naipes, deberá fijar, si no lo han hecho ya los dueños el tipo de las apuestas, que nadie se atreverá a modificar.
También es incumbencia de ella, o del caballero de mayor autoridad, decidir en los casos dudosos.
Es costumbre que el que distribuye las cartas por primera vez salude al entregarlas a cada uno de los jugadores, correspondiéndole estos con una demostración análoga cuando les llegue el turno.