Conclusión
H
Hay tanto que decir sobre el asunto de que tratamos, que solo ha de considerarse lo escrito como ligeros apuntes: no cabe duda que mayor espacio que lo dicho ocuparía lo omitido.
En el capítulo de los lutos debo permitirme un consejo a aquellas personas que, poseídas de un dolor intenso por la muerte de un ser querido, creen estar en el derecho de exagerar las señales exteriores de su pena, obligando así a los demás a largos y arbitrarios lutos; nada hay más falto de discreción y justicia.
Dado caso que el luto, en vez de manifestación para el mundo, fuese de utilidad al que falleció, la conducta más cuerda sería aliviarlo en los vestidos en tiempo oportuno por consideración a los más jóvenes, y extremar a su gusto las privaciones personales de paseos públicos y diversiones.
Al tratar de las visitas, me he concretado a lo que suele así llamarse; pero no siempre que se entra en una casa es en calidad de visita, pues muchas veces somos llamados para algo que se relaciona con nuestra carrera u ocupación. En este caso es especialmente cuando debe evitarse dar la mano a los dueños de la casa no tomando ellos la iniciativa. En algo ha de distinguirse la visita de amistad o atención, de la visita de negocio.
Si por tener intimidad se nos recibe en una casa mientras están comiendo, nos contentaremos con un saludo general sin dar la mano por mucha que sea la intimidad. Las señoras que en un caso así besan a las que están en la mesa, dan prueba de falta de discreción.