T. Godinez. Aunque inocente, fué sentenciado á doce años de prisión. Más tarde se descubrió al verdadero autor del delito y entonces se le puso en libertad, con la advertencia de:—“Mucho cuidado con hacer hablar de este asunto, pues de lo contrario volverás á la prisión y entonces sí que no volverás á salir de ella.”
El Departamento de Policía de México.
Considerando el material y el corrupto medio ambiente que rodea al jefe de la policía, sobrino de Porfirio Díaz, éste es lo mejor que hay en ese departamento, la persona mejor que jamás ha habido en él. Es un hombre reposado, sin ostentación, y procura hacer las cosas lo mejor posible conforme á su modo de ver. Al mismo tiempo hace su pequeño juego en la partida política, porque Félix Díaz es sumamente ambicioso.
Por otro lado, el departamento de la policía secreta se compone de gentuza, de las heces del México criminal. Entre sus miembros hay asesinos y ladrones profesionales. El “detective” Reyes purgó un asesinato con veinte años de prisión en Belén, y es un petardista de profesión; Olmos procede de la Penitenciaría y tiene 21 entradas en la cárcel de Belén por delitos contra la propiedad; Camargo ha entrado en Belén 37 veces y todas ellas por robo; Muñoz, 22 veces por ratero.
Conocen tan bien los jueces la protección incondicional que les dispensa Porfirio Díaz, que creen y hacen creer á los infelices que piden justicia, que son infalibles.
He aquí un caso para ilustrar mi aserto. Una noche varios especuladores de boletas de teatro tuvieron una cuestión con algunos policías secretos, quienes los condujeron á la Comisaría. Al día siguiente comparecieron ante el juez Tello Rodríguez, quien les preguntó dónde habían tomado la última copa antes de la pendencia. Los acusados contestaron que en el Restaurant de Gambrinus, y el juez, sin meterse á averiguar si la cantina estaba cerrada á esas horas, impuso una multa de $200 al propietario, un italiano llamado Bellato, quien llevó sus testigos y aun al policía del punto, para probar que á la hora de referencia la cantina estuvo cerrada y sólo el restaurant estaba abierto, con lo que no se infringía la ley. El secretario del Gobernador del Distrito no se impresionó en lo más mínimo por aquellas evidencias, y como oráculo del Distrito Federal declaró: “aunque sé que Vd. tiene razón, eso nada importa, porque las decisiones del juez son infalibles”.
Todos sabemos que en Roma hay un Papa que es infalible en materias religiosas, pero á México estaba reservada la declaración de la infalibilidad de los jueces.
Veamos ahora hasta qué punto los magistrados de la Suprema Corte resisten la tensión cuando se trata de extranjeros que no tienen miedo y gozan de influencia.
Hace algunos años que una compañía canadiense intitulada “The Mexican Light and Power Co.”, necesitó un pedazo de terreno para la instalación de postes eléctricos. El caballero mexicano á quien pertenecía el terreno, creyó haber encontrado una buena oportunidad para exprimir á la poderosa compañía. El tal lote era casi un paralelogramo y la compañía no necesitaba más que una esquina, un triángulo, que tendría la décima parte del predio. El propietario ofreció todo el predio á razón de tanto por metro cuadrado; pero el presidente de la compañía se negó á comprar todo el terreno y ofreció pagar la esquina que necesitaba al precio señalado. El propietario decidió con toda astucia vender la repetida esquina, pero á un precio que equivalía al de todo el predio, lo que se negó á admitir la otra parte. Llevóse el caso ante la Suprema Corte, la que resolvió que el propietario estaba en su perfecto derecho para poner el precio, y que la compañía debía pagarlo.
El abogado de la compañía participó la solución al presidente de la compañía, añadiendo que si no pagaba el precio estipulado, la Corte la condenaría á pagar. El presidente de la compañía contestó que le importaba un rábano lo que hiciese la Corte, porque el fallo constituía una violación flagrante de la ley, y que si se le llegaba á condenar, la prensa de Europa y de América publicaría la noticia como una muestra de la justicia mexicana. Azorado el abogado, fué con toda premura á ver al Ministro Limantour, quien se hizo cargo de toda la importancia internacional que revestía el caso, y fué, sin pérdida de tiempo, á consultarlo con Porfirio Díaz.