La Escuela Correccional.

Así llamada por equivocación, porque, en realidad, es una escuela para el desarrollo de vicios y crímenes, en la que cumplen sus sentencias los menores de edad. De allí salen los muchachos graduados de ladrones, rateros, pederastas, rufianes, matones y de algo peor. Se les trata allí como á animales y están obligados á trabajar sin remuneración alguna, en beneficio de los amigos de la administración.

Hay un término que con frecuencia se oye en México cuando alguien es enviado á la cárcel en virtud de cualquiera acusación: “Incomunicado”, que equivale á que el detenido no puede tratar con su defensor, su familia ni con nadie que no sea el juez, ni de palabra ni por escrito. Esta es un arma poderosa en las manos del juez y de las autoridades de la prisión, y para cuando se trata de periodistas ó de pobres extranjeros, para evitar que se comuniquen con los representantes de su nación.

Un tal Manuel Bátiz permaneció incomunicado, en Belén, durante cuatro meses; Juan Garduño, durante siete meses; Luis Torres DOS AÑOS.

Hace dos años publicaron los periódicos la historia del descubrimiento de un individuo que había estado en Belén durante veinte años, esperando, según él dijo, que se presentase alguna acusación en su contra. El Czar Porfirio Díaz, en su bondad infinita, perdonó á aquel desgraciado.

Voy á presentar algunos ejemplos del descuido, incompetencia y menosprecio de los principios más elementales de la justicia.

Francisco Reyes. Fué sentenciado á muerte por haber matado á su novia. Después de haber estado once años en Belén, terminó el juicio, y como fué sentenciado á muerte le conmutaron la pena en la de veinte años de prisión. Pero no le descontaron los once años que llevaba de estar preso, de modo que la pena resultó de 31 años. Cuando su defensor habló con el Ministro de Justicia para enmendar el error, éste le contestó de salomónica manera: “Para aquellos que están dentro de la ley, todo; para aquellos que se han puesto fuera de la ley, ni siquiera aire para respirar.”

Francisco Ramírez. Huésped de la Penitenciaría, de 16 años de edad. Aunque inocente, fué sentenciado á diez años de prisión, por homicidio, sin que apenas se le permitiera defenderse. Protestó y pidió que se le sometiera á juicio, pues estaba en aptitud de probar su inocencia y de revelar el nombre del verdadero culpable. Se le contestó que se callase, ó que lo pasaría peor.

A. Guerrero. Sentenciado á ocho años de prisión por asesinato. Cuando tres años más tarde fué aprehendido su hermano, acusado de complicidad, se revisó el caso y fué condenado Guerrero á muerte. Su abogado fué á ver al Ministro de Justicia para hablarle sobre la apelación de la sentencia, por ser ilegal; el Ministro le contestó: “La generosidad es el atributo de los débiles; los hombres fuertes usan siempre de la severidad.”

Samuel Karsenty. Francés, de 45 años de edad. Giró por $50,000 á cargo de un banco de París, y su giro no fué pagado. Fué aprehendido y en la causa criminal salió absuelto, porque la acción era meramente civil. Entonces el juez, de una plumada, lo sentenció á nueve años de prisión. Lo condujeron á la Penitenciaría, incomunicado, á fin de que no pudiera defenderse ni comunicarse con su Ministro.