El partido clerical, que ha recibido la mayor protección y ayuda de parte de Carmelita Díaz, no debe dormirse sobre sus laureles, y debe ampliar su estrechez de miras, pues la continuación de su política mezquina provocará un cisma entre los católicos liberales de México y la Madre Iglesia de Roma.

La situación, después de la muerte de Porfirio Díaz, dará origen á una pugna por la presidencia entre Corral y Reyes, en caso de que Porfirio Díaz insista en reelegir vicepresidente al primero. Corral tendrá que poner á prueba su bizarría en las tres primeras semanas siguientes á la muerte de Díaz, pues “los científicos” consideran á Reyes no sólo como al más encarnizado de sus enemigos, sino como una amenaza para el país. He oído hablar á varios de esos “científicos” respecto de la conveniencia de asesinar al General Reyes, no sólo como un medio de concluir con la rivalidad, sino como una medida política. Esto lo sabe Reyes perfectamente, y por eso vive en la montaña, en una especie de castillo llamado “El Mirador”, á usanza de los barones bandoleros de los tiempos medioevales, listo para caer sobre México, como un ave de rapiña. Tiene ahora algo más de 60 años y su ambición por la presidencia es incontrastable. Si se le pone en la disyuntiva de ser asesinado ó de arrebatar la presidencia á Corral, las conjeturas están á su favor. Si saliese de Monterrey con 25 hombres, al llegar á México contaría de seguro con 25,000.

Pero quien quiera que llegue á ser presidente el hecho es que no es posible la continuación del orden de cosas que hoy reina, y que el pueblo mexicano no lo consentirá. Todos están ya cansados y enfermos á causa de esos métodos perversos y dañosos, y si han soportado durante tiempo tan largo á Porfirio Díaz, no es por cobardía, sino porque han abrigado constantemente la esperanza de su muerte, desde hace más de diez años, y al ver frustradas esas esperanzas no han pensado en que el puñal del asesino podría prestar buena ayuda porque con eso no mejorarían la situación.

Todo el mundo está cansado de esta prolongada y fastidiosa farsa de un candidato presidencial perpetuo, inmoral y peripatético. Todos están pendientes de un signo de decadencia física ó mental de este opresor, que parece indestructible, cuya mejor aliada ha sido la muerte, la que se ha negado á arrebatar la vida de un hombre que le ayuda más en el exterminio de existencias que las conflagraciones, la epidemias y los terremotos. Todos imploran al cielo para que ponga fin á esta carrera interminable, y contemplan las líneas y las arrugas de esa máscara impasible, ansiosos de encontrar la profecía de un desenlace próximo.

“Ya estamos cansados de él” me decía mi mexicano. “Pero no es posible que viva más de dos años”, le respondí. “No se deje Vd. engañar”, repuso mi amigo, “el día en que Porfirio Díaz sienta que se posa en su hombro la mano helada de la muerte, se precipitará hacia una pluma y firmara un decreto prolongando su existencia por veinte años más.”


Porque él es tal como su alma piensa.

Proverbios XXIII. 7.

No podéis voltear una pirámide, pero podéis minarla; eso es justamente lo que he intentado hacer.

A. Lincoln.