La Cuestión Centroamericana.
La influencia de los Estados Unidos en el istmo de Panamá ha modificado por completo la manera de ser de la política centroamericana. Ha cubierto con la sombra del águila americana toda la faja que se extiende desde el Río Grande hasta el Chagres. Los acontecimientos que antes pasaban inadvertidos, hoy son escudriñados atentamente y no se aparta la vista de lo futuro.
Toda la situación de la América Central descansa sobre una base débil, á semejanza de un argumento con premisas falsas. La independencia de las cinco repúblicas centroamericanas tiene tan poca razón de ser como la tendría la de los 27 Estados de México ó los 47 de la Unión norteamericana.
En 1821 las cinco antiguas provincias de España entraron en la federación mexicana, permaneciendo en ella hasta la caída de Iturbide (11 de Mayo de 1823); separándose entonces, con excepción de Chiapas que mantuvo sus vínculos con México. Desde esa época Guatemala, Salvador, Honduras y Nicaragua han estado riñendo constantemente entre ellos, ó envueltos en revoluciones intestinas, pudiendo decirse que en el espacio de noventa años no han tenido un sólo año de paz, con excepción de Costa Rica con razón llamada la Suiza de América.
Desde 1821 á 1885 el centro de acción residió en Salvador, Honduras y Nicaragua, contra Guatemala, la que aspiraba á ejercer la soberanía moral y material sobre las otras repúblicas, lo que consiguió. Pero en 1885, con la muerte de Rufino Barrios, acaecida en la batalla de Chalchuapa, Guatemala perdió su supremacía, aunque todavía ejerce influencia aislada alternativamente sobre Honduras ó sobre el Salvador. En esa fecha no sólo recobró Nicaragua su independencia moral, sino que se convirtió en el centro de un movimiento que tenía por objeto favorecer la unión federal de los cinco Estados.
Como cuestión de hecho, la federación de esas repúblicas es imposible, tanto á causa de las dificultades para crear un ejército esencialmente federal, como por la intensa rivalidad de los respectivos gobiernos, la que les impide poder llegar á una “entente cordial”, y por que existe un conflicto de personalidades y una competencia entre rapiñadores.
Toda la situación política de los últimos diez años se reduce á una lucha personal entre el presidente de Guatemala, Estrada Cabrera, y el presidente de Nicaragua, Zelaya. Ambos han protegido toda clase de planes revolucionarios, concebidos por los refugiados rebeldes de las otras repúblicas. Zelaya, doctor en medicina, educado en París, es enérgico é inteligente; Estrada Cabrera, abogado, no le es inferior ni en talento ni en fuerza de voluntad, y su astucia é intrepidez son reconocidas aun por sus propios enemigos. Como fácilmente se comprende, hombres de esa naturaleza no pueden estar dispuestos á sumergir la individualidad de su poder supremo en una federación ideal, pues esta traería consigo la pérdida de los monopolios exclusivos y de los planes para el enriquecimiento personal. En los doce años que hace que Estrada Cabrera está en el poder, ha hecho una fortuna de muchos millones de pesos, gracias á los negocios y empresas de su asociado, un judío alemán americano, llamado Stahl, á quien se le paga un tanto por cada saco de café que se exporta, y quien trató de sacarle á la empresa del Ferrocarril Pan-Americano $1,500,000 en oro por la concesión que los demás países le habían hecho gratuitamente.
Estas malhabidas ganancias no se emplean en los países de los que se han obtenido, sino que van al extranjero. Estrada Cabrera posee un hermoso palacio en Hamburgo; Zelaya envía todos los años á su esposa al extranjero con el propósito aparente de que se compre ropa en París; pero con el propósito real de que sitúe en los bancos europeos buenas cantidades de oro. En realidad ser presidente en Centro América, equivale á algo así como á ser entre bandido y ejecutivo de un vasto establecimiento de misceláneas.
La lucha hubiera sido interminable si no hubiesen intervenido los Estados Unidos y México. Siempre se inicia con la romántica fórmula de “el derecho es la fuerza”, y acaba por la intervención armada. Los Estados Unidos tienen que favorecer la absorción de Centro América por México, y ya esto se habría llevado á cabo, hace diez años, á no ser por la política de Porfirio Díaz, la que siempre ha sido inerte, cobarde y morosa.
En 1898, con motivo del peligro de una guerra entre México y Guatemala, el Estado de Jalisco ofreció hacer la campaña por sí solo y con sus propios recursos de hombres y de dinero, contra la república centroamericana; y si se hubiese admitido su proposición, Jalisco la habría llevado á cabo con buen éxito, pues es el Estado más rico y más poblado de México.