—¿Serías capaz, Laurita,—comenzó con la voz ligera como un soplo, cuando estuvieron solas,—serías capaz de explicarme sinceramente algo que quiero preguntarte?

—Sí, siempre soy contigo sincera.

—¿Por qué te preocupó, aquella vez, que Camucha pudiera haber contado a Julio tu asunto con José Luis?

Laura ni pareció siquiera advertir el tono demudado con que la había Adriana interrogado.

—¿Preocuparme? Te habré dicho distraída que eso me preocupaba. En realidad no puedo habértelo dicho. O habrá sido por decir hasta qué punto Camucha es indiscreta. Son historias tristes que no deben salir de una misma.

—¡Cómo me despistas!

—¿Pero por qué?

Adriana la miró en los ojos profundamente. Nada pudo leer.

—¿Entonces, en tu vida no sucede, "ahora", algo extraordinario?

—Desde aquello que hubo con José Luis, no, puedes estar segura. ¡Tengo una indiferencia!