¡No has de servir!... ¡Pues menuda habilidad tienes tú! Lo que hay es que te falta práctica, costumbre... y claro...
Leonor
No, papaíto, no, ya lo ves; no sé hacer nada... Yo, que pongo el alma en todo para que me salga bien y ayudarte... Un día que podíamos comer a gusto... por culpa mía... ¡qué rabia! (Sigue llorando.)
Antonio
(Hondamente conmovido.) Mira, hija mía, no llores... ¡no llores, porque se me parte el corazón!... Y déjalo... (Reaccionando y con gran energía.) Es decir, ¡déjalo, no!... No es posible dejarlo. Esto es preciso que termine, pero que termine hoy mismo. Pero no eres tú la que debes trabajar; soy yo, yo el que es necesario que busque, que busque y que encuentre trabajo, sea como sea y donde sea y lo que sea.
Leonor
¡Pero si tú lo has intentado todo, papá!... Aún no hace ocho días viniste a casa... ¡Pobrecito!, muerto de cansancio y con las manos ensangrentadas por haber querido trabajar en un tajo de la Villa...
Antonio
Pero no tuve resistencia. Que uno es blando, que uno es débil. Para los bajos oficios no tengo fuerza ni temperamento, para los altos no tengo favor ni suerte...
Leonor