Pic.
Ha debido usted caer. El poema de las miradas saben leerlo todas las mujeres.
Flora
¡Oh, Dios mío!... ¿De modo, Picavea, que usted también?...
Pic.
¡Sí, Florita, sí... yo también la amo!
Flora
(¡Dios mío! ¿pero qué tendré yo de un mes a esta parte que cada hombre que miro es un torrezno?)
Pic.
(Cogiéndola de la mano.) Y si usted quisiera, Florita, si usted quisiera, todavía...