Arís.
Entonces las condiciones serán durísimas, estoy seguro.
Gonz.
Imagínese usted.
Arís.
Para intervenir esos, el duelo tiene que ser a muerte. No rebajan ni tanto así. Los conozco.
Gonz.
Además, las instrucciones que yo les he dado son severísimas: nada de transigencias, nada de blanduras.
Arís.
Pues no doy veinticinco centavos por la epidermis de Picavea.