¡Buenos son ellos!
Gonz.
Y además, cuando Galán le envió los padrinos, ¿sabe usted la condición que imponía Picavea para batirse?... ¡Pues que fuese cual fuese el resultado del lance, los dos habían de renunciar a mi hermana, so pretexto de no sé qué lirismos ridículos!...
Arís.
¡Es un hombre perverso!
Gonz.
Ni más ni menos. Pero figúrese el disgusto de la pobre Flora cuando supo por Marcelino que Galán quizás tuviese que aceptar la tremenda condición para que no pueda atribuirse su negativa a cobardía... ¡Un disgusto de muerte! En vano trato de tranquilizarla. No descansa, no duerme, no vive. ¡Cuando más feliz se creía!... ¡y todo por culpa de ese miserable! ¡Ah, no tengo valor para hacer daño a nadie, pero la vida le hace a uno cruel, y como pueda mato a Picavea! Se lo juro a usted.
Arís.
Lo merece, lo merece... Pues, nada, don Gonzalo, hágame usted piernas y hasta luego. (Poniéndose el sombrero.) Voy a ver a Valladares, que está muy grave.
Gonz.