¿Pero por qué, amigo Galán, por qué?
Num.
¡Ah, don Gonzalo, una tortura horrible me destroza el alma! Usted sabe como nadie, que el honor es mi único patrimonio; por consecuencia, de rodillas suplico a usted me permita que sea yo el que mate a ese granuja que aquella noche nefasta enlodó mi honradez acrisolada...
Gonz.
Bueno, Galán, pero...
Num.
¡No olvide usted que el miserable dijo que yo tenía no sé qué de Segunda, y yo no tengo nada de Segunda, don Gonzalo, se lo juro a usted!...
Gonz.
No, hombre, si lo creo... Y por mí mátelo usted cuando quiera, amigo Galán.
Num.