(Abrazando a don Gonzalo.) ¡Gracias, gracias! ¡Oh, qué alegría! ¡Ser yo el que le atraviese el corazón!
Gonz.
Lo malo es que no va usted a poder.
Marc.
(Aterrado.) ¿Le has matado tú ya?
Gonz.
No me ha sido posible.
Num.
¿Entonces, por qué no voy a ser yo el que le arranque la lengua?
Gonz.