Gonz.

Hay más. Esta es para mí una hora amarga de confesión; quiero que lo sepais todo, todo... Yo he llegado por ella, entiéndelo bien, sólo por ella hasta el ridículo.

Marc.

¡Gonzalo!...

Gonz.

(Con profunda amargura.) Sí, porque yo, yo soy un viejo ridículo, ya lo sé.

Marc.

¡Hombre!...

Gonz.

Sí, Marcelino, sí; hasta el ridículo. Un ridículo consciente, que es el más triste de todos. Yo, y perdonadme estas grotescas confesiones, yo me tiño el pelo; yo, impropiamente, busco entre la juventud mis amistades. Yo visto con un acicalamiento amanerado, llamativo, inconveniente a la seriedad de mis años. Y todo esto que ha sido y es en el pueblo motivo de burla, de chacota, de escarnio, yo lo he padecido con resignación y lo he tolerado con humildad, porque lo he sufrido por ella.