Num.
Aquí tengo los títulos de propiedad. (Saca una carta.) Atiende y deduce. Por la tarde la pedí relaciones y por la noche me trajo el cartero del interior esta expresiva y seductora cartita. Juzga. «Señorito Numeriano. De palabra no me he atrevido esta tarde a darle una contestación aparente porque no me dejó el reparo.» ¡El reparo!... ¡qué monísima!... «Pero si usted quiere que le diga lo que sea, estese mañana a las once en el salón de lectura del Casino y si tiene valor una servidora, se asomará y se lo dirá; aunque sé que es usted muy mal portao con las mujeres...» ¡Mal portao!... ¡Me ha cogido el flaco!
Men.
¡La fama que vola!
Num.
(Sigue leyendo.) «No falte. Saldré a sacudir... No vuelva...» (Vuelve la hoja.) «No vuelva a asomarse hasta mañana, porque mi señorita está escamada. Sulla. Ese.» ¡Sulla! (Guardándose la carta.) ¡Ah, estupefacto Menéndez, este sulla no lo cambio yo por una dolora de Campoamor, porque estas cuatro letras quieren decir que esa fruta sazonada y exquisita ha caído en mi implacable banasta!
Men.
¡Pero qué suerte tiene usté!
Num.
(Por sus ojos.) ¡Le llamas suerte a estas dos ametralladoras!