Cristina
Verás. Cuando llegasteis a casa, nosotras oíamos absortas los encargos que hacía a Morrones para que fueseis espléndidamente tratados. Os despidió sin escucharos siquiera, y de pronto, cuando os alejabais, me coge de la mano, me atrae hacia sí, y señalándote me dice conmovido: ¡Cristina, si me quieres, enamora a ese joven!
Alfredo
¡Canastos!
Pepe
¡Señorita!
Alfredo
¿Pero dijo eso?
Eduarda
Como si lo hubieran ustedes oído. La suplicó que le amase a usted; yo fui testiga.