Alfredo

¡Ay, tío, pero suplicarle él mismo que!...

Pepe

Bueno, el cuentecito ese de Pinocho en el Japón es un precepto evangélico comparado con lo que nos está pasando en esta localidad. Honores, dádivas, regalos en especie, donativos en metálico, y encima ¡mandarle a uno la novia!... Bueno; o este pueblo pertenece al partido judicial de Jauja, o yo no lo entiendo.

Alfredo

(A Cristina.) ¿Pero tú no sospechas a qué puede obedecer todo esto?

Cristina

No lo sé, Alfredo, no lo sé. Yo solo pienso en este instante que te quiero con locura, que estoy a tu lado y que soy la más feliz de las mujeres.

Alfredo

¡Cristina mía! (Quedan hablando aparte en voz baja.)