Pepe
(Se acerca melancólicamente a Eduarda que se ha sentado lejos en una silla.) ¡Eduarda!... La mano inescrutable del destino nos acerca de nuevo. (Señala a los muchachos.) He aquí el pasado que reverdece. ¿No lo envidias?
Eduarda
¡No me tutees, que soy casada!
Pepe
¡Casada tú!... ¡¡Oh!!... ¿Tú casada?
Eduarda
¿Lo sientes?
Pepe
Lo siento por tu marido... porque...