Pepe
¡Por Dios, Eduarda, no vuelvas a la seriedad! ¡Quiero ver en tus labios aquel ritus de alegría que tanto me gustaba!
Eduarda
¡Ah, mi ritus, mi ritus!... Esfumose en el dolor y en el tiempo. (Va a caer sentada en una silla.)
Pepe
(Deteniéndola.) ¡No, ahí no te sientes que hay manteca! (Se sientan en otro lado y siguen hablando.)
Alfredo
(Alto, a Cristina.) ¿Pero es de veras que dudabas que yo volviese?
Cristina
Sí, Alfredo, sí, no quiero engañarte, lo dudaba. Cuando se ama mucho, mucho, mucho, todo es duda... El tiesto de mis margaritas siempre ha estado sin flores. ¡A quién iba yo a preguntar si volverías!