Cazorla

(Esforzándose por contenerle.) ¡No, no, por Dios! ¡Sería una tragedia espantosa! ¡Sería una interrupción que ni en el Congreso! Calma, mucha calma.

D. Régulo

¿Pero no oye usted lo que dice? ¿No oye usted lo que grita ahora ese cínico?

(Quedan atentos, abren un poco la vidriera y entonces se oye a Ojeda hablando como un poco lejos y en tono oratorio.)

Pepe

Celebremos, sí, celebremos todas nuestras conquistas, nuestras hermosas conquistas, para que nos envidien aquellos que...

(Cierran. Se deja de oír, aunque se le sigue viendo accionar.)

D. Régulo

¡Ah, miserable! ¡Que celebren sus conquistas! ¡Y mírela usted, mi mujer se sonríe! ¡¡Oh!!