Cazorla

¡Qué cinismo! ¡Pobre amigo! (Le abraza.)

D. Régulo

¡Ah, no, no; yo no lo sufro! (Apunta de nuevo.) ¡Déjeme usted que dispare!

Cazorla

(Desviándole el brazo.) ¡Sí, le sobra a usted la razón por encima de los pelos, pero conténgase usted ahora! Sería producir una tragedia inútil. ¡No es este el momento! Yo, don Régulo, que estimo su honor como mi propio honor, le diré a usted que realice su justa venganza cuando sea llegado el instante; ahora, no. (Misteriosamente.) Piense usted que al disparar desde esta casa, no solo se comprometería usted, sino que comprometería a don Acisclo. (Entorna la puerta del balcón y deja de verse a Ojeda.)

D. Régulo

¡Sí, es verdad! ¡Eso te vale, villano!

Cazorla

A don Acisclo, que está ahí dentro, (Señala la puerta primera derecha.) haciendo, en complicidad con la Anastasia, un registro entre los papeles de esos hombres; registro que puede ser nuestra salvación... ¡La salvación del pueblo!