D. Régulo

Sí, sí, es cierto, amigo Cazorla, lo comprendo todo; pero es que las leales revelaciones de usted han despertado en mi corazón el demonio de los celos...

Cazorla

Don Régulo, yo no podía consentir el ridículo de un amigo entrañable.

D. Régulo

¡Si ha hecho usted bien, muy bien; pero es que yo ya no puedo vivir sin una venganza terrible! ¡Y me vengaré, sí, me vengaré!

(Queda junto al balcón, mirando obstinadamente al Casino.)

Cazorla

Sin embargo, calma, calma ahora.

ESCENA II