Eustaquio
(Ofreciendo una silla a Cristina.) Pero, asiéntense ustés, que vienen que s’ahogan.
Cristina
(Que pasea agitada.) No, no, gracias, yo no podría estarme quieta.
Eduarda
Mira, Eustaquio, hijo, lo que deseamos es que nos dejes solas.
Eustaquio
Pero ya saben ustés que esta habitación la ocupan...
Eduarda
Sí, sí... lo sabemos todo, pero nos precisa asomarnos a ese balcón un momento. Por eso venimos. Nada más. (Saca una moneda que le da.) Toma y calla.