¿No hay nadie?

Eduarda

Nadie. Pasa, Cristina; pasa. (Entran de puntillas. Cristina trae unas flores en la mano.)

Cristina

Tengo miedo que nos puedan oír.

Eduarda

Pasa, pasa sin temor; siéntate aquí y cuéntamelo todo. ¡Oh, pero quién iba a figurarse que tú!... ¡Habla, hija; habla! (Se sientan.)

Cristina

Sí; sí, señora doña Eduarda, es preciso que hablemos, porque yo necesito una persona buena como usted a quien abrirle mi corazón, contándole todo lo que me sucede.

Eduarda