Confiesa que en el mar hubiese sido más romántico; pero, en fin, todo es ahogarse. Sigue, sigue.

Cristina

Pues como digo, fue en la fonda del balneario de la Robla, donde yo había ido acompañando a mi tía Constanza. Allí encontré a Alfredo.

Eduarda

¡Ay, Alfredo, hasta el nombre escalofría!

Cristina

Antes de aquello de la espina, había notao yo que aquel joven me miraba con interés y que me decía al pasar alguna palabra cariñosa; pero ya desde aquella tarde nos acompañó sin falta en todos nuestros paseos, y al cabo, una noche de luna muy clara, muy clara, después de cenar, fuimos a dar una vuelta por la carretera y se me declaró.

Eduarda

¡Oh!... Sigue.

Cristina