Caí en la cuenta de que quizá arrepentido de haberme engañao, no quiso ni despedirse.

Eduarda

¡Pobrecilla!

Cristina

A los pocos días volvimos al pueblo, y aquí me paso estas horas largas llorando y pensando en él. ¿Volverá? ¿No volverá? ¡Las margaritas que yo he deshojado!...

Eduarda

¡Volverá, ten esperanza!

Cristina

¡No, no volverá, doña Eduarda! Aquello fue una broma con una pobre señorita de pueblo. Como una no sabe expresarse, ni tiene modales, ni elegancia, ni nada... Claro, ¡cuesta tan poco engañarnos!... Si viera usté, ¡tengo una rabia y un coraje! ¡Ser una señorita de pueblo!... ¡Me da una pena!... (Llora.)

Eduarda