Serafín.—Y ahora tiés prisa pa ir a buscarle.
Carmen.—¡Mentira!
Serafín.—Verdá; y es el señor Valeriano el pollero.
Carmen.—Bueno, y últimamente, ¿qué? ¿No soy libre? Ese u otro, alguno tié que ser; porque monja no querrás que me meta. Conque suelta...
Serafín.—No te suelto... no... ¡Tú te vienes conmigo!
Carmen.—Vaya, Serafín, no te pongas pelma, y déjame...
Serafín.—Pues vente.
Carmen.—¡Ni arrastrá! Suéltame o grito.
Serafín (Exasperado.)—¿Qué gritas?... ¡Maldita sea, no sé como no te ahogo!
Carmen.—¡Ay!... (Luchando por desasirse.) ¡Suelta, granuja!... ¡Guardias!