Los dos.—¡Sinvergüenza!
Balbino.—¡Va servido!
Lucila (Apurada. Con amargura.)—Y ahora, padre, ¡por Dios! Corra usté. Traiga usté a Serafín.
Balbino.—¡Miá, hija, que si nos metemos nosotros, van a creer!...
Lucila (Suplicante.)—¡Hágalo usté por mí! ¡Es pa quitarle de una perdición pa toa su vida!
Balbino.—Miá que está muy cegao y que me expongo a un desaire.
Lucila.—No, padre, no le hace. Búsquelo usté. Hay que salvarlo y que piensen lo que quieran.
Balbino.—Tiés razón. Yo daré con ese loco. Pero tú me aguardas ahí dentro. Sin salir pa náa. Sin meterte con nadie.
Lucila.—Sí, señor, palabra. Ahí quieta espero.
Balbino.—Pues adentro. No tardo.