Dueño.—¿Qué te pasa?
Chico.—Náa... dos que se están pegando ahí en un desmonte.
Dueño.—¿Por qué?
Chico.—No sé; se conoce que venían desafiaos. Y uno le ha dao al más joven una de tortas que lo ha vuelto loco... (Mirando.) ¡Calle!... Sí... ya han acabao de pegarse... y vienen pa acá.
Dueño.—Pues silencio. Nosotros ande nos llamen. (Entran los dos en el merendero.)
ESCENA II
Serafín y señor Valeriano
Salen por la derecha, revelando cierta agitación en sus semblantes, y con los trajes algo descompuestos. Serafín viene sacudiéndose la ropa, sucia de tierra, oprimiéndose los labios con un pañuelo, y mirando a ver si tiene sangre. De vez en cuando escupe. Trae un carrillo muy colorado.
Valeriano (Con su habitual tranquilidad.)—Bueno, yo, salvando su parecer, creo que las bofetás tienen un límite, pollo.
Serafín (Secamente.)—Lo que a usté le parezca. (Se toca las narices con un pañuelo.)