Carmen (Mirando hacia atrás al irse.)—Juraría que he oído moverse esas ramas. (Desaparece por el foro.)

ESCENA IV

Lucila y Serafín

Serafín.—¡Lucila! pero, ¿eres tú?

Lucila.—Sí, yo; ¡yo mismita!

Serafín.—Suelta... suelta... (Forcejean.)

Lucila.—No... aguarda... aguarda un momento. (Al ver que ha desaparecido Carmen.) Ya... ya estás libre; ya pués guardarte esa navajita y salir. Y a tóo esto mu buenas noches.

Serafín (Tembloroso y frenético.)—¿Y tú a qué has venido?

Lucila.—Náa, hombre, que como no te se vé el pelo por dengún lao y no tiés tiléfono, quería hablarte y ¡velay!

Serafín.—¡Vete... vete y déjame, Lucila!