Serafín.—¡Ellos!

Balbino.—¡Ellos!... ¿Y ves ese cariño que es pa otro? ¡Pues ese no sería pa ti ni a navajazos! Conque ¿a qué pelear?...

Serafín.—¡Sí... tié usté razón!... ¡Tié usté razón!... ¡Adiós!... ¿Por qué... por qué no me habrá querido? (Vase rápidamente frotándose los ojos.)

Lucila (Con amargura infinita. Abrazando a su padre.)—¡Así, Serafín, así es como se quiere!... ¡Ay, padre, cuántas veces he dicho yo esas mismas palabras!; ¿por qué... por qué no me habrá querido?

(Se escucha en el merendero la voz del Cantador que canta:)

¡Es la penita más grande

querer y que no te quieran;

quien quiere sin esperanza

conoce la pena negra!

(Cae pausadamente el telón, mientras cantan la copla.)