CUADRO PRIMERO

Salón modesto, en planta baja, de una barbería. Al foro puerta vidriera de dos hojas que da a la calle. En la pared del fondo, a los lados de la puerta, perchas de hierro. En la lateral derecha, en primero y segundo término, adosadas a la pared, anchas repisas de madera imitando mármol, llenas de útiles para el servicio de peluquería; sobre las repisas espejos grandes con marco negro, y ante ellas sillones de rejilla de los que se usan en estos establecimientos. En la lateral izquierda, en primer término, una puerta practicable cubierta por un portier de reps; y en segundo término otro servicio de peluquería igual en absoluto a los de la derecha. En el centro de la habitación un velador sobre el cual habrá periódicos y cepillos. Algunas sillas de rejilla estarán próximas al velador y otras distribuídas convenientemente por el salón. Es de día.

ESCENA PRIMERA

Al levantarse el telón aparecen el Señor Prudencio afeitando al Señor Máximo, guardia de Orden público, cuyo sable y cuya teresiana estarán colgados en la percha de la derecha. Acacio, aprendiz de la barbería, vestido con su blusa larga se halla sentado junto al velador leyendo un periódico.

Prudencio (Afeitando.)—Pues nada, créame usté a mí, señor Máximo, usté será todo lo de orden público que guste—sírvase de inflar el izquierdo (El señor Máximo infla el carrillo izquierdo.)—; pero yo lo que repito es que no siendo el que yo le digo, pa la política española no hay otro remedio.

Máximo (Quejándose.)—¡Ay!

Prudencio.—¿Cuálo?

Máximo.—Oye, ¿hay otra navaja? Porque ¡camará! esa paece que la has afilao en el fregadero.

Prudencio.—¡Hombre, pues precisamente es la joya de la casa!

Máximo.—¡Mecachis en la joya! Pues guárdala pa cuando venga el ispetor de la Latina, le afeitas con ella y pué que le hagas un favor.