Feliciana.—¡Quién sabe si todavía podremos evitar esta ruina! ¡Corre por Dios, Acacio! (Vase Acacio foro.) ¡Virgen del Carmen! ¡Qué locura! ¡Ay, Dios mío, que yo no sé lo que me pasa! Pero güeno; no hay que amilanarse; pa estas ocasiones es el carácter. ¿Traspasar el salón, eh?... ¡Ni a pedazos, ni con el Juzgao, ni hecha harina me sacan de aquí! ¡Lo juro! Y en este mismo instante se han acabao los toreros y las divetes... pero pa siempre.
Antoñita (Dentro, cantando.)
Retírate por Dios, Pepito...
Retírate por Dios, que grito...
Feliciana (Que se exalta más al oir a su hija.)—¡Sí, canta, canta... so gamberra! ¡Ya te daré yo a ti Pepito! (Llamando.) ¡Antoñita! ¡Antoñita!
Antoñita (Dentro.)—¡Madre!
Feliciana.—Ven aquí, sal.
Antoñita.—Estoy ensayando.
Feliciana.—Sal, rica, sal, que te voy a dar un repaso.
Antoñita (Saliendo.)—Oiga usté, madre, ya he cogido un cambio de tono pa darle más picardía, misté. (Cantando.)