Dichas y Casildo primera izquierda, interponiéndose entre las dos
Casildo (Con solemnidad.)—¡Chits! ¡Quietuz!
Feliciana.—¡La mato! (Casildo la contiene.)
Casildo.—¡Parsimonia! ¿Óbice de la reyerta?
Antoñita.—Y tó por no quererse morir una iznorada en esta porquería de casa, entre pelos y navajas, ¡eso es!
Feliciana.—¿Porquería, eh?... ¡Ya te daré yo a ti porquería!
Casildo.—Señora madre... El libre albedrío de los hijos es tan respetable como la...
Feliciana (Rabiosa.)—¿Y qué has hecho tú del mantón que te llevaste anoche, so golfo? ¡Dilo, dilo en seguida!
Casildo.—¡No entremezclemos!
Feliciana.—¿Lo has empeñao, verdá? Lo mismo que los pendientes de la semana pasá y los juegos de cama de hace quince días... ¿Y pa eso quiés la turomaquia? Pa dejar tu casa sin un trapo y vengan borracheras y malas compañías y vagancia y perdición, ¿no es eso? Pues ea (Sujetándole por la solapa.) ¡se acabó el toreo y mañana a la imprenta a ganarte honradamente una peseta! ¡Porque yo quiero! ¿Lo oyes? ¡Porque yo lo mando! (Le zarandea.)