Casildo.—¡Del dicho al hecho hay que tomar el tranvía!

Feliciana (Ya frenética.)—¡El tranvía! ¡Vaya, pues ahora mismo! ¡Ya me se ha llenado a mí el costal de ganas! (Furiosísima.) ¡Lo vas a ver! (De un tocador de la derecha coge unas tijeras.)

Antoñita (Atemorizada.)—¡Pero, madre!

Casildo (Con extrañeza y terror.)—Señora madre...

Feliciana (Frenética.)—¡Córtate esa coleta inmediatamente!

Casildo (Aterrado.)—¡Rediez! ¿Pero qué dice usté? ¿Que me ampute?...

Feliciana.—¡Córtate esa coleta he dicho, o por la sangre de mis venas que te deshago, so granuja! ¡En seguida!

Antoñita (De rodillas, suplicante.)—¡Ay, madre, la coleta no!

Casildo.—¡Que me suelte usté, que no!

Feliciana.—¡Que no! ¡Yo te la cortaré, so vago, tunante, infame! (En un arranque de fiereza le hace inclinarse contra el suelo y le corta la coleta de un tijeretazo.)