Prudencio (Cogiéndola y con inmenso pavor.)—¿La coleta? ¿Quién?
Feliciana (Empuñando valientemente las tijeras.)—¡¡Yo!!
Prudencio (Aterrado.)—¡Ah! ¡¡Tú!! ¡¡¡Tú!!! ¿Pero tú sabes lo que has quitado de la cabeza a tu hijo, so imbécil?
Feliciana.—¡Una tontería! (Con desprecio.)
Prudencio (Frenético.)—¡Ea! ¡Esta bestialidad colma la medida! Y puesto que te opones bárbaramente a que tus hijos lleguen a la gloria que Dios les destina, me los llevo de aquí. ¡Nos vamos de esta casa! ¡No aguanto más!
ESCENA X
Dichos, Leovigildo y Acacio de la calle; Parroquiano 2.º
Acacio (Que entra corriendo.)—¡Aquí está, aquí está su hermano de usted!
Feliciana.—Leovigildo, Leovigildo, ven, escucha...
Leovigildo (Entrando.)—Lo sé todo. Silencio. Me lo ha contao Acacio en el camino. (A Prudencio.) ¿Pero, qué has hecho, so insensato? ¿Pero es de veras que has traspasao la barbería?