Pepe.—¡Que humean!... ¡Chuletaas!...

Prudencio.—¡Él es! (Se acerca a la primera derecha y llama a voces.) ¡Carpanta! ¡Carpanta!

ESCENA V

Dichos y Pepe el Carpanta por la primera derecha con una cesta

Pepe (Saliendo.)—¿Quién?

Prudencio.—¡Carpanta! ¡Maldita sea! (Le amenaza.)

Pepe.—¡Prudencio! ¡Tú! ¡Ay, Prudencio de mi alma, mátame si quieres!

Prudencio.—Pero oye: ¿cómo es esto? ¿No estabas en París?

Pepe.—Sí, Prudencio. Allí estuve y de allí vengo.

Prudencio.—¿Pues qué te ha pasao?