Repollo.—Aliviarse y que no sea na. (Mutis los toreros foro.)

Prudencio.—¿Dónde te duele, hijo de mi alma, dónde?...

Casildo.—¡Me duele en el total, padre! ¡Ay, qué dolores!... (Mirando a su hermana.) ¿Y qué... y ésta cómo ha quedao?

Prudencio.—Pues por el estilo. ¡Le ha tocao un publiquito de Palha también!

Antoñita.—¡Podíamos estar en la cárcel, conque no te digo más!

Casildo (Con desconsuelo.)—¡Dios mío! ¿De manera que ya no se van ustés a París?

Prudencio (Con viveza y furia imponente.)—¿A París?... ¡Maldita sea su vida!... ¡Si yo cogiera alguna vez al ladrón aquel del Carpanta, que fué el que me metió en el jaleo y el que me ha traío esta ruina y esta tristeza, te juro que!... (Amenazador y furioso.)

Pepe (Desde lejos pregonando.)—¡Chuletas de huerta! ¡Chuletaas!...

Prudencio.—¡Recontra! (Con asombro.)

Casildo.—¡Paece su voz! (Atendiendo.)